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PostHeaderIcon ANDRES CHAZARRETA, A 50 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO

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Vivir el Folklore - Artistas

SU DEBUT EN SANTIAGO DEL ESTERO

Carlos Vega

(Del libro “Apuntes para la historia del movimiento tradicionalista argentino”)

En los primeros meses de 1911, Chazarreta insiste en la difusión por la imprenta y publica seis danzas sueltas: “Zamba de Vargas” (nueva edición), “Mañana de mañanita” (chacarera), El Gato (sin título particular), “Flor del aire” (zamba), El Triunfo y El Escondido.

En esos primeros meses de 1911, Chazarreta se ha puesto a trabajar con ardor. Quiere presentar, como base del espectáculo, un gran conjunto de instrumentistas. Las dificultades no son mayores porque, desde algunos años atrás, Chazarreta está organizando y encabezando reducidos conjuntos orquestales para bailes de sociedad.

Chazarreta conocía ya casi todos los músicos más aptos y, a base del arpista ciego Domingo Aguirre, y de Baltasar Gallardo, también arpista y ciego, y con el concurso capital de Eusebio More, cantor y violinista, y de Segundo Juárez, formó un conjunto de diez o doce músicos que, por reemplazos o alternancia, llegaron a diecisiete en total durante las actuaciones de ese primer año de 1911. Había dos arpas, tres violines, un par de mandolines, tres guitarras, un cajoneador.

Chazarreta ha sido consagrado de antemano y la moral de sus artistas es muy elevada. El hermoso y flamante teatro 25 de Mayo abrirá sus puertas, y él imagina en el amplísimo escenario a la humilde doña Narcisa, al humilde cieguito Aguirre, al humilde Nachi, a todos los humildes del suburbio cantando y bailando chacareras y zambas. Pide por nota el teatro al Poder Ejecutivo de la provincia y comprueba que los augurios eran palabras y las facilidades pura ilusión, vano optimismo. El señor Gobernador le negó el teatro porque la compañía santiagueña no era digna de su ilustre sala. Para colmo -¡qué duro golpe, con todo hecho!- los diarios publicaron la amarga negativa: "El Poder Ejecutivo de la Provincia no ha hecho lugar a la solicitud, manifestando que dicho coliseo está destinado para que actúen las compañías de primer orden solamente", reprodujo El Liberal.

Se presenta la Compañía de Danzas

El sábado 15 de julio de 1911 la tensión llega hasta los extremos de la angustia en el teatro "Pasatiempo del Águila". Don Andrés Chazarreta está resuelto a lanzar su compañía de bailes criollos contra el desaire del señor Gobernador —que le negó el nuevo teatro— y desafiando los sombríos pronósticos del fracaso y la silbatina. Un diario ha dicho —repetimos— que "no hubo una sola opinión emitida con franqueza sobre su éxito". Chazarreta le dijo al autor de estas líneas en 1935: "Algunos profesionales me aconsejaban que desistiera, porque el público me iba a silbar".

Si concurrían pocos y los pocos silbaban se produciría a un tiempo mismo el desastre artístico y el desastre económico. El abono a las tres funciones había dado incierto resultado. Ahora, sábado, la boletería estaba abierta desde la mañana. Chazarreta no pudo más y fue al teatro. ¡Gran Dios! No cree lo que ven sus ojos ni lo que oyen sus oídos. Palidece, se transfigura... Cada hora que pasa... Dejemos que lo diga el diario El Siglo del día 17:

"El sábado a medio día ya se podía ver claro, teniéndose en cuenta las numerosas localidades que hasta esa hora se habían vendido; pero aun los mismos que estaban al tanto de la venta de localidades, han experimentado una verdadera sorpresa a la hora de la función, viendo el teatro Totalmente lleno, así como suena, con T mayúscula, desde el paraíso hasta el último rincón de la platea, donde habían algunos espectadores parados por falta de asiento, que querían presenciar el debut a toda costa".

Por fin —término de tantos trabajos y de tantas desazones— a las 21.20 se levantó el telón del "Pasatiempo del Águila" y apareció la compañía en cuadro vivo. Los dieciséis bailarines en traje de carácter, formaban en parejas, algunas sentadas, en dos filas; atrás, de pie, la dilatada hilera de músicos. Al fondo, la escenografía a base de un rancho, la "troja" y el quimilí santiagueño, creación del pintor Luis Fraternalli.

Apenas el telón asciende lo necesario para que se reconozca el cuadro se produce "una estruendosa manifestación de aplausos y vivas". El entusiasmo había caldeado el ambiente a tal extremo, que se oyeron oleadas de aplausos aun antes del comienzo. El público quiso ver de nuevo el cuadro, pero ya se habían desorganizado adentro.

Parece que se altera el plan y la velada se inicia con las películas que debían complementar los actos.

Después empiezan el esperado programa. La orquesta toca la "Zamba de Vargas" y ejecuta la coreografía una pareja no identificada. "En la primera vuelta de baile, la pareja se notaba un tanto cohibida y dudosa del desempeño de su papel —dice el cronista de El Siglo—; pero las salvas de aplausos y palabras de aprobación que le tributó el público al terminar, hicieron que en la segunda vuelta "largara el rollo"... "El público aplaude y grita: ¡Bien! ¡bien! ¡repita! ¡que repita! y siguen los aplausos hasta que otra pareja baila la misma zamba terminando cada vuelta en medio de delirantes manifestaciones de júbilo".

Hacemos notar que en la ciudad de Santiago del Estero, en 1911, la más elemental nomenclatura del baile criollo era casi desconocida. El cronista cree que no puede decir simplemente "la primera", sino "La primera vuelta del baile"; y no "la segunda", sino la "segunda vuelta".

El número siguiente fue “La Firmeza”. Entra el arpa, cantan y baila otra pareja "que arrancó también numerosos aplausos y palabras de aprobación. La sala está enteramente conquistada”.

Sigue “Mañana de mañanita”, "una chacarera evocadora, ejecutada admirablemente por la orquesta, nos mostró dos parejas notables en ese baile que parece una muda exteriorización de todos los sentimientos, pensares y quereres del alma del paisano"... Y estas palabras inauguran la emocionada literatura del segundo período del tradicionalismo. Baldes de tinta correrán por esos cauces literarios.

Una cuarta pareja ejecuta el “Bailecito”, "un número de baile verdaderamente novedoso, pues no es aventurado decir que entre todo el público no había cinco personas que lo conocieran" —dice el cronista—. Sí; ya lo hemos dicho: en el ambiente europeizado de las ciudades provinciales los bailes criollos —salvo tres o cuatro— son novedades.

Ahora sale don Andrés Chazarreta a tocar el Miserere de II trovatore. Creemos que entre todas las cosas inadecuadas que pudieran habérsele ocurrido a cualquiera en tales circunstancias, ninguna tan disparatada como la elección de un trozo de ópera italiana. Pero Chazarreta hacía su política artística. Quería demostrar, primero, que era un hombre culto en música "clásica", y segundo, que era un concertista. Además, pretendía agradar a una supuesta minoría de filarmónicos europeizantes y elevar el nivel de su espectáculo. En nuestra opinión, no acertó en ninguno de los casos.

Los críticos de aquella noche lo trataron con benevolencia. El de El Liberal dijo que "gustaron los números de guitarra del empresario acompañado por don Alejandro Ledesma". En cambio el cronista de El Siglo parece haber sido más sincero, si nos imaginamos una sala caldeada por el entusiasmo y por la aglomeración indisciplinada y ruidosa. Dice: "El número de guitarra a cargo del señor Chazarreta, no ha producido el efecto que se esperaba. El instrumento resultó malo y la ejecución deficiente, amén de que el amplio local no se prestaba para audiciones de una sola guitarra".

Después de la segunda sección de cinematógrafo, se ofrecieron “El Sombrerito”, “La Media Caña” y “Los Aires”, que "también gustaron muchísimo, siendo las parejas aplaudidas con entusiasmo delirante" (El Siglo). "El baile que más gustó, fue la Media Caña, por su originalidad". (El Porvenir.)

El "debut" se produjo el sábado 15 y la segunda función, el día domingo 16. Debido al descanso, la crítica resumió el lunes sus notas sobre ambas funciones, poco diferentes, por cierto. En esta función del lunes 16 se ejecutaron casi todas las danzas de la primera y, además, la “Zamba Alegre”. Otra vez el público llenó la sala y aplaudió con gran entusiasmo.

El Liberal del día 17 anotó: "El suceso provocó dos llenos, dos enormes llenos, como no se ha visto nunca en el Pasatiempo del Águila"... Entre los dieciséis danzantes sobresalen "un criollo, ya maduro, de Atamisqui, que hace prodigios en el arte del zapateo, y una mantorne sesentona de Clodomira"... "Todos los bailes ejecutados"... "provocaron el encanto de la sala, que estallaba en cada baile en aplausos ruidosos".

El martes 18 se dio el tercer y último recital y su plan fue el siguiente:

PROGRAMA

(18 de julio de 1911)

 

PRIMERA PARTE

1. Biógrafo

2. Zamba de Vargas

3. Chacarera "La Centenario", cantada

4. El Cuando

5. Escondido

6. Gato en cuatro parejas

 

SEGUNDA PARTE

7. Orquesta

8. Marote

9. El Sombrerito

10. Malambo, mudanzas por el célebre zapateador santiagueño Antonio Salvatierra

11. Chacarera por la orquesta

12. El Palito

13. Media Caña

 

 

El teatro "El Pasatiempo del Águila" fue de nuevo concurrido y hubo algunas novedades: se bailó el gato de cuatro parejas; se decidió que la orquesta tocara primero la música sin que bailaran y que repitiera para el baile; se anunció especialmente al célebre zapateador. Sobre las consecuencias de este malambista volveremos más adelante.

 

 

 

El balance artístico

 

 

 

En su tiempo y circunstancias el éxito artístico de la compañía de bailes criollos fue muy grande. La música tradicional, sumamente agradable; el conjunto orquestal, bien ajustado, rítmicamente exacto, gustó a todos por sí mismo. La coreografía pareció elemental y primitiva a muchos —incluso se negó a la serie de danzas valor suficiente para constituir un espectáculo— y entusiasmó a otros tantos, a los menos exigentes y a los menos distanciados espiritualmente. Los factores no estéticos —tradicionalismo, patriotismo, costumbrismo, añoranza— contribuyeron más o menos en todos los casos. La pura crítica general se encuentra entre las muchas líneas de la crónica y puede extractarse aquí.

 

El Siglo del día 17 dijo: .. ."A nadie se le oculta que la inspiración del señor Chazarreta al organizar esta Compañía ha tenido un éxito colosal, por lo que merece felicitaciones; pero debemos anotarle también deficiencias en la organización. Por más que se haya querido representar nuestras tradiciones, según las cuales es frecuente ver bailar en la campaña a personas de edad avanzada, en el escenario produce mal efecto la presencia de ancianos de verdad que puedan ser muy bien reemplazados por medio del arte. Las Compañías Teatrales son tanto más interesantes cuanto mayor sea la juventud, lozanía y belleza de sus componentes; y aquí tenemos elementos que reúnen todas estas condiciones y no debe prescindirse de ellos en detrimento de la fama de los santiagueños y del buen gusto artístico".

 

"El traje es otra cosa a la que el público le otorga mucha importancia".

 

"Está bien que se quiera representar una tradición —continúa El Siglo—, una costumbre que ya no existe. El personaje representativo lleva el traje característico de la época, de la costumbre, de la tradición; pero presentado con lucidez, con brillo, con lujo si se quiere, para no chocar con el adelanto estético del día en que vivimos".

 

"Se dirá tal vez que este debut ha sido un ensayo, una tentativa, una exploración. Perfectamente. Anotamos la excusa, haciendo constar que esta Compañía, presentada en la forma del debut, podrá despertar simpatía por el aspecto primitivo y sencillo de sus componentes; pero este será un sentimiento fugitivo, porque en el fondo de él no hay otra cosa que una tendencia del público a divertirse a costa del prójimo festejando la faz grotesca y ridícula de la caricatura".

 

"Las parejas de baile deben ser designadas también con sus nombres respectivos para que el público conozca a los artistas y sepa distinguirlos en su actuación."

 

"Salvadas éstas y otras deficiencias de detalle —concluye El Siglo— en la organización de la Compañía del señor Chazarreta, podemos augurarle éxitos importantes aquí y en donde quiera que trabaje".

 

Mucho más parco, El Porvenir anotó lo siguiente: "El amplio local del «Pasatiempo del Águila», estaba repleto"… "Aparecido en los carteles el anuncio del debut, despertó la curiosidad pública, pues, si la danza criolla es conocida muy pocos la ejecutan correctamente y con la habilidad característica de nuestros paisanos que en el momento de la mudanza, saben caligrafiar el suelo con admirable compás, desgranando en los movimientos de su cuerpo, las sonrisas de una gracia exquisita"…"La música criolla, llena de ternuras, ayes y languideces, tiene, pues, en nuestros paisanos, una fiel interpretación"…"Los elementos de la Compañía, vistieron a la manera antigua, y se desempeñaron debidamente”.

 

El cronista añade que era simpático ver a los de chiripá quebrarse en movimientos; dice que notó "la presencia de señores de avanzada edad, quienes asistieron quizá, para evocar las remembranzas del pasado, de aquel entonces, cuando desleían sus alegrías juveniles, ya en las suaves notas de una zamba, ya en los agitados pasajes de una chacarera en cuarto, o cuando festejaban el sí de la joven adorada bajo una salva de triunfos"; afirma que el "baile que más gustó, fue la media caña, por su originalidad" y opina sobre los músicos: "La orquesta estuvo feliz, ejecutando con buen gusto las diferentes piezas".

 

El Liberal del día 17 comentó: "Todos los bailes ejecutados"... "provocaron el encanto de la sala, que estallaba en cada baile en aplausos ruidosos"…"Contribuía a acentuar el colorido de los bailes la buena orquesta dirigida por Chazarreta, de índole netamente criolla”.

 

El día 19 añadió: "Además, la orquesta del señor Chazarreta, que es en su mayor parte de instrumentos de cuerdas, es un factor si se quiere superior al espectáculo criollo que se ofrece en las tablas".

 

 

 

 

 

EL TEATRO 25 DE MAYO Y DON ANDRES CHAZARRETA

 

 

 

¿Cuándo empezó la relación entre don Andrés Chazarreta y el teatro 25 de Mayo? Aproximadamente en el año 1911, cuando don Andrés solicitó al Poder Ejecutivo las instalaciones del teatro. Tanto el ejecutivo como la administración le negaron las mismas porque aducían que en el edificio sólo podían actuar compañías importantes con obras destacadas.

 

Refiriéndose a este acontecimiento don Andrés escribió en el diario “El Liberal”: “Resuelto siempre a hacer revivir nuestro arte nativo, en 1911 tuve la idea de presentar por primera vez en el teatro un conjunto criollo, que organicé a pesar de faltarme recursos, haciéndolo debutar el 15 de julio de ese año en el Pasatiempo de El Aguila, que su dueño el señor Pablo Mazure, un gentil ciudadano francés me cedió gustoso, porque en el Teatro Municipal 25 de Mayo el poder ejecutivo de la provincia me negó rotundamente considerando que dicho coliseo estaba destinado para la actuación de compañías de primer orden”.

 

Algo similar le ocurrió ese año en el teatro oficial Belgrano de Tucumán donde después de haber dado una función, el intendente decidió que no actuara más porque sus “botas sucias” no podían efectuar sus danzas donde concurrían lo más “aristocrático de la sociedad”.

 

De abril de 1920 data la primera presentación en el teatro 25 de Mayo del profesor Chazarreta, donde interpretaron tonadas y danzas provincianas los artistas Patrocinia(o) Díaz, María Emilia Cárdenas, Amalia Castagno, Renato Grandi, Angel Loto, Iber Geréz, Ricardo Cardón y José R. Cortéz. Patrocinia(o) Díaz cantó un triste santiagueño cuya autoría le correspondía al Dr. Marcos Figueroa. Este espectáculo fue muy bien recibido por el público. De ahora en más encontraremos a este grupo no sólo actuando en el Pasatiempo, el Petit Palais, en las plazas y fiestas, sino también en el Teatro Oficial.

 

En septiembre de 1921 la empresa Mauri y Chazarreta se presentaron en el teatro 25 de Mayo en función de despedida antes de realizar una gira por todo el país. Estos espectáculos acapararon la atención del público debido a que sus representaciones ya tenían reconocimiento popular.

 

El grupo que participó de la gira, incluida la Sra. Narcisa de Ledesma y numerosos zapateadores, no contó con la presencia de Patrocinia(o) Díaz. En su reemplazo viajó María Estrella Fernández “conocida niña de nuestra sociedad”, que no desentonó dentro del grupo y tuvo una buena acogida.

 

No se sabía cuál iba a ser la recepción del grupo en Buenos Aires, ya que esta sociedad estaba imbuida de los sainetes y comedias arrabaleras, pero nuestra música y danza fue acogida con todo éxito. Como decía Ricardo Rojas, estas manifestaciones de nuestro arte tenían como objetivo adentrarse en el espíritu de la gente, en sus raíces, con la naturaleza, con sus leyendas, canciones y danzas que renovaron la tradición olvidada.

 

Después de recorrer el Norte y antes de viajar a Buenos Aires en noviembre de 1921, nuevamente actuaron en el teatro 25 de Mayo con el propósito de obtener fondos para el viaje a la Capital. Entre algunas de las piezas que interpretaron se encuentran “La López Pereyra”, zamba salteña; “La Resbalosa” y “La Atamisqueña”, chacarera.

 

La compañía tuvo gran repercusión por su actuación en los teatros Politeama y Apolo de Buenos Aires. Fue así como en el año 1922 cuando el grupo quiso presentarse en el teatro 25 de Mayo, se solicitaron con anticipación las entradas, ya que anunciaron la interpretación de nuevos bailes y canciones que formaron parte de la producción de un nuevo álbum de música criolla. Allí la “troupe” de Chazarreta dio a conocer el tango “Milonga Kakuy” cuyo autor es don Andrés. El precio de las entradas a los espectáculos del conjunto de Chazarreta eran reducidos, por ejemplo, una platea valía $ 1 en julio de 1923 y por la misma época para ver una compañía de operetas y zarzuelas (la Soler-Vella, por ejemplo), una platea costaba $ 15.

 

El espectáculo era variado, desde sinfonías por la orquesta, danzas como zamba, palito, chacarera, escondido, media caña, gato, todas con minucioso decorado realizado por el señor Salas, escenógrafo del teatro Rivera Indarte de Córdoba. Había numerosos zapateadores y también tocaba la guitarra don Andrés.

 

La compañía de arte nativo que dirigía el profesor Andrés Chazarreta siguió presentándose en el Teatro 25 de Mayo agregando nuevas coreografías a las danzas, números de guitarra sobre motivos criollos y contrapunto de zapateo entre Juárez, Gutiérrez y Rodríguez, acrecentando nuestro acervo cultural. Con la llegada de la Compañía Cicarelli, que representaban sainetes y comedias, obtuvo participación la compañía Chazarreta, cuando fue puesta en escena “Juan Moreira” de Alberto Vaccarezza.

 

En la función llevada a cabo en septiembre de 1925 por el grupo Chazarreta se interpretó entre otros temas “Disculpa morena”, una vidala cuya letra pertenecía a Marcos J. Figueroa y fue cantada por Elena Móttola y coreada por el conjunto. También por primera vez se puso en escena “La mariquita”, baile quichua.

 

Andrés Chazarreta siempre estuvo predispuesto para actuar en forma gratuita, para colaborar con instituciones como por ejemplo la función realizada en beneficio de la Asociación Pro-Fomento y Cultura del Barrio Norte, la dedicada a los maestros, las dos funciones a beneficio del Centro Catequístico de Niños Pobres de La Merced o cuando destinó un porcentaje para la edición del libro de María Aliaga Rueda.

 

En el año 1929 se le presentó una nueva oportunidad de realizar una gira por el país. Fue así como se despidió de Santiago con una velada en el teatro 25 de Mayo donde debutó la cantante Juanita Gilardi. Cuando se presentaban compañías nacionales de sainetes y comedias intervenían algunos miembros del grupo o directamente Chazarreta. Así cuando vino el conjunto criollo de Azucena Maizani participaron bailando la zamba “La López Pereyra” y “La Telesita”. La misma Azucena Maizani interpretó “La vidalita del santiagueño”, cuya autoría le pertenece al Dr. Marcos J. Figueroa.

 

Consideramos que don Andrés fue un hombre esforzado y meticuloso por la forma en que organizaba sus funciones, estaba en los minúsculos detalles, la escenografía, la danza, los malambos y sobre todo en la interpretación de la guitarra. Continuamente innovaba y renovaba bailes y canciones que ya no se recordaban o no se las tenía en cuenta y una vez que reaparecieron fueron del gusto popular.

 

Así en una de sus espectáculos bailaron “La Pepita”, zamba tucumana, “El gato correntino”, danza indígena por una pareja con acompañamiento de arpa y bombo; “El remedio”, baile quichua por una pareja, castañas, pañuelo y zapateo; “El malambo”, contrapunto de mudanzas por los zapateadores santiagueños Juárez, Gutiérrez y Basualdo. También se interpretaron números de guitarra por el profesor Chazarreta.

 

El pensamiento nacionalista de don Andrés se halla sintetizado en la siguiente expresión “deseo grande por seguir bregando y ser útil a mi país porque entendía que mi obra, como la han juzgado personas autorizadas, es una manifestación de nacionalismo puro, y que con eso no morirá la tradición”.

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